lunes, 20 de febrero de 2012

Con arcilla se moldea un recipiente, pero se lo utiliza por su vacío.

Con arcilla se moldea un recipiente,
pero se lo utiliza por su vacío.
    Es difícil no encontrar relación entre este fragmento del Tao Te King y el Wing Tsun. Al igual que pasa con el recipiente, su utilidad no proviene de la forma, si no del vacío en que dejamos caer la fuerza de nuestro oponente cuando nos ataca.
    Hablando de este pasaje con un amigo, me decía; “Lao Tse es un liante, lo que da utilidad al recipiente son las paredes que contienen el vacío”. El caso es que ese comentario me hizo reflexionar. Buscando nuevamente un paralelismo con el Wing Tsun, las estructuras de este sistema (Bong sao, tan sao, jam sao…) serían las paredes, y aunque la arcilla cumple su función, unas paredes construidas con un material más flexible darían como resultado un recipiente que, en determinadas situaciones,  podría ser de gran utilidad, por su adaptabilidad, sin que por ello tuviera que perder capacidad.
    Estructuras demasiado rígidas podrían dar como resultado un Wing Tsun al que le resultaría más difícil adaptarse a los ataques.
     Uno de mis viejos maestros de wt me explicaba la interacción surgida en el Chi Sao, como un proceso en el cual hay puertas que se abren y se cierran constantemente, que la maestría está en aprovechar la oportunidad para atacar cuando encontramos una puerta abierta y en minimizar el tiempo que dejamos abiertas las nuestras y así evitar ser atacados. La explicación me pareció convincente en el momento, pero no tardaron en surgir dudas, ¿por que al cerrar una puerta ha de abrirse otra? y ¿la efectividad del wt, tanto en el ataque como en la defensa, es directamente proporcional a la velocidad de su practicante?
    Años después, cuando inicié el viaje en el que ahora estoy embarcado, aquellas preguntas que ya casi había olvidado volvieron a mi mente, por que el nuevo enfoque con el que estábamos entrenando les daba respuesta.
    Mi Sifu actual nos dice que todas las estructuras de las formas, son sólo ejemplos que difícilmente aparecerán en la realidad tal y como se realizan en ellas. Sí tratamos de reproducir esas estructuras cuando entramos en contacto con un ataque, lo bloqueamos, es decir, cerramos una puerta, pero, como nuestros brazos sólo pueden estar en un sitio cada vez, inevitablemente abrimos otra, que podría ser aprovechada por nuestro oponente. De ser así, inmediatamente cerraríamos la puerta que acabamos de abrir, lo cual crearía un nuevo hueco, lo que nos colocaría en la misma situación que al principio. ¿Por qué sucede esto? Para cerrar una puerta, nos valemos de una estructura rígida, como la arcilla del recipiente, y aunque esa estructura ceda ante la fuerza que soporta, está dando información sobre la puerta que acabamos de dejar abierta. Este problema se ve minimizado usando estructuras flexibles que se adapten a los ataques. Absorviéndolos sin cerrar ni abrir puertas y sin dar información alguna. Simplemente los sentimos y los acompañamos, apartándonos de su trayectoria sí es necesario, dejando que se pierdan en el vacío. De esta manera, la velocidad pasa a un segundo plano, quedando supeditada a la sensibilidad del practicante.
Por eso, del ser provienen las cosas
y del no-ser su utilidad.

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